obra


In Utero

La mujer artista, viéndose despreciada, adopta precisamente ese rasgo de otredad y, al afirmarlo como signo emblemático de su iconografía, construye un vehículo para expresar la verdad y la belleza de su propia identidad.
Judy Chicago y Miriam Schapiro, 1972.

     Yo diría que toda mi obra está profundamente marcada por la producción de artistas feministas históricas como Hannah Wilke, Carolee Schneemann y Judy Chicago, quienes empezaron a experimentar con imaginería “central core”, o vaginal, a finales de los años 60, con el propósito de crear un “nuevo lenguaje visual” que pudiera expresar la experiencia de las mujeres, y reemplazar las connotaciones de inferioridad por otras de orgullo. Éstos símbolos, recalcaba Chicago, deberían leerse metafóricamente como poderosos emblemas de la identidad femenina.
     Mediante el uso de posturas fetales y la recreación de la forma vulvar en diversos paisajes desiertos, “In Utero” quiere explorar esa etapa mágica de la vida que transcurre en el interior del vientre materno, el único lugar universal para la especie humana.
Podría decirse que estos 9 meses son el único momento en que formamos realmente una unidad con otro ser—la madre—tanto a nivel físico como emocional. Una verdadera simbiosis natural.
     Tras haber sido violentamente expulsados del útero cálido y proveedor, nos encontramos dispersos, como múltiples piezas que añoran la unidad y compleción a lo largo de toda su existencia. La parte de la serie que presenta una multiplicación de yoes quiere precisamente escenificar esa vida troceada y los procesos de renovación, nacimiento/muerte y vuelta a nacer que ocurren cíclicamente en numerosas facetas de la vida.
     In Utero es un homenaje al cuerpo de la mujer y su inmenso poder. Un tributo a cómo personifica, como ninguna otra estructura viviente, la capacidad de concebir, nutrir y crear vida.